jueves, 10 de diciembre de 2009

Cumbre del cambio climático.



Sin duda alguna es una hermosa ciudad Copenhague. Para mi desgracia, no he tenido la oportunidad de visitarla, pero su fama la precede. De la bonhomía de sus gentes se hacen lenguas los viajeros. De su gastronomía da buena cuenta la barriguita con la que vuelven los que visitan la capital danesa, y de lo riguroso de su climatología en Diciembre tenemos sobradas pruebas: cientos de políticos y "científicos" (de los de la ONU) se han reunido en tan hermosa ciudad para comentar las novedades de la investigación sobre el supuesto calentamiento global, huyendo de las tórridas temperaturas de otras latitudes, que les hubieran obligado a un alto consumo energético en aire acondicionado.



Estos próceres, benefactores de la Humanidad, de los que los humildes mortales somos indignos de sus desvelos y denodados esfuerzos en pro de nuestro bienestar, se han decidodo por el uso de la calefacción, que siempre proporciona un ambiente mucho más hogareño (no sabemos si en sus suites disponen de chimenea, símbolo de refinamiento y buen gusto).
Preocupados, como no puede ser de otra forma, por las emisiones de CO2, han usado para su desplazamientos la modesta cifra de 140 "jets" privados,



 han contratado una modesta flotilla de 1.200 limusinas



(han agotado el parque móvil de todo el país) y alquilado aposentos en modestos hoteles al módico precio de 720 Euros por noche. 



Algún personaje, con tiempo libre y muy aburrido, ha hecho cuentas, y ha calculado que el gasto energético producido por tan ilustres personas durante los días que dure el evento será equivalente al producido por una ciudad de 200.000 habitantes. Una insignificancia.
Acorde a su discurso, los asitentes al magno acontecimiento han solicitado el alquiler de 5 vehículos eléctricos o híbridos, teóricamente el paradigma de la "sostenibilidad" en el transporte por carretera. Pero...., siempre hay un pero, recientes estudios calculan que en la producción de los coches eléctricos se usa más energía de la que podrán ahorrar durante su vida útil (es decir, que son un engañabobos que costeamos, vía subvenciones, por los impuestos de la gasolina y de nuestros impuestos directos).
Pero no vamos a criticar que los salvadores de la Humanidad se rodeen de lujos. Ellos se lo merecen. No sabemos agradecer sus desvelos. Entono el mea culpa: soy un ingrato!
No sé muy bien qué concepto tendrán los organizadores del acto que recomiendan a sus invitados no recurrir a los favores de las meretrices locales (pero si ellos van a dedicar su tiempo a sesudos estudios climáticos no a participar en orgías!), a lo que las profesionales del sexo han contestado de forma airada: han ofrecido sus servicio gratuitamente a los delegados y periodistas asistentes a la cumbre. Basta con mostrar sus pases oficiales al acto para  satisfacer las apetencias más exigentes de tan ilustres huéspedes. Sinceramente, no sé si reirme o echarme a llorar. 
No podrían estas damas ser más solidarias y regalar sus servicios a quienes de verdad los necesiten y no a esta tropa, indigna de yacer en una pocilga, que se pueden pagar esos lujos (les recuerdo que se los pagamos los contribuyentes en forma de dietas)?
No me queréis creer, pero alguien nos está tomando el pelo muy seriamente.
(Oigo unas terribles carcajadas. Me pregunto quién será el que ríe de esa manera. Un ministro, un secretario de estado, un calentólogo... quién?)

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